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elecciones vascas | opinión
2 de marzo de 2009
Si el PP no hubiese logrado mantener su importante suelo electoral, a estas horas no estaríamos hablando del cambio posible. Porque el PP, pese a una ligera caída prevista, se ha convertido en la clave del vuelco en el Gobierno de Ajuria Enea. Ha resistido la inercia del voto útil hacia los socialistas y ha logrado neutralizar la polarización entre PNV y PSE. Ha minimizado los efectos desmovilizadores de la ausencia de María San Gil. Y ha frenado la fuga de votos hacia Rosa Díez, uno de sus principales temores. Es cierto que pierde dos escaños en relación a la pasada legislatura pero su resultado le permite propiciar la mayoría absoluta a Patxi López, si se apuesta firmemente por la alternancia; y aspirar a un importante protagonismo en un futuro Gobierno.
El electorado, en Euskadi, sigue respaldando una opción fuerte constitucionalista cuyo mayor beneficiario ha sido el PSE. Pero que la tercera opción electoral siga siendo el PP confirma que la lenta evolución del electorado vasco marca un desplazamiento hacia la alternativa al PNV. Algunos como Arzalluz ya habían olfateado el vuelco y, poniendo la venda antes de la herida de los resultados, quiso deslegitimar la voluntad de los ciudadanos vascos en las urnas echando de menos las siglas políticas del entorno de ETA. El problema se centra ahora en ver cómo casar el giro vasquista del partido de Patxi López con la línea del PP cada vez menos frentista a pesar del sambenito que ha tenido que soportar Basagoiti durante la campaña, como depositario del marcado perfil de algunos antecesores suyos que, por cierto, prefirieron quedarse en segundo plano para no dar lugar a 'malas interpretaciones'.
Desde hoy, el PP tendrá que gestionar sus trece escaños de manera que, ayudando al PSE a realizar el cambio, frene las tentaciones, que las hay, de reconvertir estos resultados en una operación de ingeniería política que acabe configurando un gobierno trasversal entre el PNV y el PSE. Por otra parte, el PNV, que no suma la mayoría con las formaciones nacionalistas, deberá hacer una lectura responsable de unos resultados que, en principio, los desplazan de la responsabilidad de gobernar, aunque haya sido el partido más votado, por la sencilla razón de que sus antiguos socios en el tripartito, tanto EA como la izquierda de Madrazo se han desplomado y los cuatro escaños de Aralar son insuficientes para llegar a los 38 escaños en el Parlamento.
Los socialistas deberían ahora aplicar sus promesas durante la campaña cuando ponía especial acento en su independencia en relación al partido que gobierna en Madrid. Patxi López tendrá que saber soportar la presión de quienes quieran hacerle desistir del intento de sumar fuerzas constitucionalistas porque podrían poner en dificultad al presidente Zapatero en sus apoyos parlamentarios en el Congreso. Es la hora de la verdad para el PSE, que ha logrado subir nada menos que seis escaños, y puede que siete en el recuento definitivo, y sus votantes no entenderían que ahora su mirada se dirigiera hacia el partido que ha gobernado en Euskadi durante 28 años.
La apuesta del cambio sólo podrá venir de la suma de los escaños de socialistas y populares, y también UPD. El partido de Rosa Díez se presentaba partiendo de cero. A ella se la conoce perfectamente en Euskadi, pero no a las siglas de UPD. Por tratarse de una formación nueva no se ha podido medir en igualdad de condiciones con el resto. Por eso, es doblemente meritoria su irrupción en el Parlamento vasco. Ella dijo que apoyaría a cualquier partido que posibilitara un ejecutivo no nacionalista. Es la hora de los hechos. UPD puede ser decisiva para formar el gobierno alternativo al PNV.
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