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ELECCIONES VASCAS
El PNV reclama el liderazgo como partido más votado y desdeña cualquier otra fórmula
5 de marzo de 2009 - 09:42
Urkullu califica de «golpe institucional» un Gobierno del PSE apoyado por el PP
Urkullu, Ortuzar y Egibar, en la imagen, comparecieron ayer en Sabin Etxea acompañados también por Gerenabarrena. / MITXEL ATRIO
OLATZ BARRIUSO.-

La posibilidad cada vez más cierta de perder el poder ha caldeado los ánimos al máximo en Sabin Etxea. Iñigo Urkullu echó mano ayer de la artillería pesada para calificar el posible futuro Gobierno de Patxi López. A su juicio, un acuerdo entre PSE y PP que desemboque en el desalojo del PNV del Gobierno vasco supondría nada menos que un «golpe institucional» que sólo traería al país «desestabilización, frentismo y parálisis» y que responde, según su visión, exclusivamente a la concepción del «modelo de Estado» que comparten, según dijo, el PSOE y los populares, en el que los nacionalismos no tendrían cabida.

La primera comparecencia pública del presidente del PNV tras la noche electoral empezó, no obstante, con un tono muy distinto. Aunque en sus sucesivas declaraciones a diversos medios de comunicación desde que se cerraron las urnas, el líder jeltzale ya apuntaba el panorama apocalíptico que, según su análisis, abriría un Ejecutivo socialista en minoría apoyado por el PP y reivindicaba su legitimidad para liderar el país como partido más votado, ayer comenzó aparcando la soberbia y pidiendo «altura de miras» y «responsabilidad» para alcanzar un «acuerdo de amplia base» y «entre diferentes» -una expresión clásica del discurso socialista- para poder conformar un Gabinete «coherente, fuerte y estable» que permita abordar con garantías la crisis económica y apaciguar la tensión política.

No obstante, en el turno de preguntas, el presidente del EBB -que compareció acompañado por los líderes territoriales del partido, Andoni Ortuzar, Joseba Egibar e Iñaki Gerenabarrena- se 'calentó' y acabó por calificar de «golpe institucional», no una sino dos veces, la posibilidad de que las reglas elementales de la aritmética parlamentaria les expulsen del Gobierno vasco tras más de tres décadas de hegemonía ininterrumpida. El mensaje que el PNV quería transmitir ayer y que el propio Urkullu había plasmado por escrito no incluía ninguna referencia a un concepto político muy habitual en países sudamericanos para definir el intento de instaurar un régimen autoritario mediante vías aparentemente democráticas. Ponía el acento, en cambio, en la necesidad de «pasar página» y «cerrar una etapa» caracterizada por el enfrentamiento permanente y abrir otra basada en el entendimiento por el bien país. Hubo más: Urkullu prometió incluso «no caer en la tentación de abonar el terreno de la política de frentes» y evitar «dialécticas estériles» que fomenten la crispación.

Pero, minutos más tarde, se desmintió a sí mismo con una acusación de grueso calibre, tan dura como desafortunada, según se reconocía ayer en círculos cercanos al líder jeltzale, que insistieron que, en vísperas de abrir, precisamente con el PSE, la ronda de contactos que el presidente del partido e Ibarretxe mantendrán con todas las fuerzas parlamentarias, no estaba en sus planes enrarecer el ambiente hasta tal punto. Más bien pretendían transmitir un mensaje en positivo que subrayara, eso sí, su legitimidad para liderar el país como primera opción en las urnas, pese a que ni en Álava ni en Guipúzcoa ganaron las elecciones y gobiernan, sin embargo, en ambos territorios.

Dos preguntas del nutrido grupo de periodistas que cubrieron la comparecencia le hicieron saltarse el guión y evidenciaron el nerviosismo de un PNV que se ha percatado de que la apuesta de López va en serio y se siente maniatado por su escaso margen de maniobra. Por si quedaban dudas, Urkullu desdeñó un posible acuerdo con el PSE en el que el PNV tuviese que adoptar posiciones de subordinación, como sucedió, a la inversa, en el año 86.

«30 son más que 24»

La primera cuestión versó sobre las razones que le llevaron a vaticinar un escenario de desestabilización institucional con el Gobierno vasco en manos del PSE y las tres Diputaciones controladas por los jeltzales. El líder peneuvista, que insinuó de nuevo la posibilidad de que los socialistas 'entreguen' al PP el Ejecutivo foral alavés a cambio de su respaldo, achacó esa inestabilidad a que las dos formaciones no nacionalistas tengan como «único propósito» constituir un «frente» que equiparó al «golpe institucional, en la medida que los resultados son los que son e indican que el PNV es el ganador». «30 son más que 24, a no ser que las cosas hayan cambiado de la noche a la mañana», insistió después. La segunda pregunta incidía en el precedente catalán -el PSC se ha hecho en dos ocasiones con el liderazgo de la Generalitat, pese a ser CiU la fuerza más votada- y ahí Urkullu cargó las tintas en que en Euskadi será el PP quien allane, previsiblemente, el camino a López. Eso evidencia, según dijo, un pacto tácito en torno al modelo de Estado.

En todo caso, Urkullu, que evitó contestar preguntas sobre el futuro de Ibarretxe, pidió «arrimar el hombro» para hacer frente a la delicada situación económica, aunque, cuestionado por la posibilidad de que sea el PNV quien deba hacerlo desde la oposición, advirtió de que no se dejará «enredar» por ese tipo de planteamientos. Y dejó claro que el Gobierno de López sería un «experimento» que llevaría a guiar los designios de Euskadi o bien desde el «frentismo» -con apoyo estable del PP- o desde la «parálisis» de la debilidad parlamentaria.

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